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Jardín botánico


El jardín botánico del Museo de Gavà es un espacio de 800 metros cuadrados donde se muestran las diversas comunidades vegetales del paisaje que rodea la ciudad.
Un tumbo por el jardín nos acerca a la vegetación característica del Garraf: el alzinar de la sierra de las Ferreres, la maquia de lentisco y palmito de la zona calcárea, o los brotes y maquias silicícolas de brezo y madroño desarrolladas sobre las piedras y conglomerados de Bruguers. También se encuentran representadas comunidades de la llanura, como los cañizales y los juncales de las zonas húmedas del delta, y los cultivos de huerta.

El jardín acerca al visitante en un nuevo mundo lleno de sensaciones y colores, de formas y olores que desarrollan sus aptitudes para la observación y la descripción.
La diversidad de ambientes que presenta el jardín botánico permite al visitante coger la variedad de formas y adaptaciones que presenta la vida vegetal.

Podemos observar las variaciones de la vegetación a lo largo del ciclo anual. Variaciones estrechamente ligadas a las horas de sol y cambios de temperatura y precipitación. Así, la sequía del verano, resultado de la coincidencia del momento de más calor del año con el periodo de menos precipitación, es el principal determinante de la vegetación de nuestras comarcas.

A la primavera podremos ver como van apareciendo flores blancas, rosas y de otros muchos colores que mancharán del jardín del Museo con su viveza.

Progresivamente, muchos frutos llegarán a la madurez y adquirirán multitud de colores.

Frutos para ser comidos
Las cerezas de pastor, los frutos del madroño (Arbutus unedo), son de colores atractivos, con un olor muy agradable y sabor dulce que invita que alguien se los coma. Y es que el madroño utiliza los animales como sistema de dispersión de sus semillas. De hecho,  pagan estos servicios con la pulpa nutritiva de las cerezas de pastor a cambio que las entonces queden muy esparcidas mediante los excrementos.

Ensartarse para llegar a la luz
Las plantas enredaderas, como la hiedra, son muy abundantes en el  bosque mediterráneo, caracterizado por los árboles de troncos y ramas poco rectilíneos y hojas que duran todo el año. Esto implica que al sotobosque haya un ambiente muy sombrío y esta falta de luz hace que las plantas enredaderas aprovechen los troncos de los árboles para llegar a la luz sin tener que invertir esfuerzos en fabricar troncos y ramas lignificadas.

El agua, un bien muy preciado
La sequedad del verano es una de las características del clima mediterráneo. Las plantas usan varias estrategias para evitar la pérdida de agua, un recurso muy preciado en estas condiciones. Una de las más peculiares es la semimarcescencia de las hojas de las estepas, las cuales se arrugan y se secan sin llegar a morir para reducir la transpiración. Este hecho se ve reforzado todavía más en el caso de la estepa blanca (Cistus albidus). Recibe este nombre por el color blanquecino de las hojas, que se debe de al recubrimiento de pelos que tienen, que evita la pérdida de demasiada agua por evapotranspiració.

El palmito, una palmera mucho nuestra
El palmito es la única palmera autóctona de Europa, y en el Garraf se encuentra en su límite de distribución más septentrional. Por eso, y porque tiene que sobrevivir en unas condiciones muy duras de sequía y falta de nutrientes al suelo, se trata de una especie protegida.


Es una planta que tiene unas hojas muy duras que se usan para hacer cuerdas, escobas y objetos de cestería. Además, tienen pinchos en las puntas de las hojas, las cuales le sirven para proteger el brote central, que es comestible, tanto para los animales como para los humanos.

Las plantas aromáticas, el olor como defensa
Las plantas aromáticas se denominan así por el olor que hacen sus hojas. Este olor nos puede gustar mucho y usamos estas plantas para elaborar perfumes, jabones, infusiones, medicamentos, e incluso las ponemos a la comida. En cambio, a los herbívoros no les gusta el sabor que tienen debido a los aceites esenciales que contienen y que las hacen ser tan lentisca. Así pues, las plantas aromáticas usan el olor para defenderse de los animales que se las quieren comer.

Zonas agrícolas. La fertilidad del suelo al servicio del hombre
El hombre ha cultivado la tierra desde hace más de 5.000 años en estas comarcas. A las postrimerías del siglo XIX, los cultivos de secano se ensartaban incluso por las montañas más abruptas del Garraf mediante la construcción de márgenes, algunos de los cuales tienen más de 1.000 años de antigüedad. Ahora, los cultivos más productivos aprovechan las tierras más fértiles de la llanura deltaica.
Todo y la ocupación de territorio que representa la construcción de grandes vías de comunicación y la urbanización del suelo, la huerta del delta continúa ofreciendo cosechas de merecido prestigio. Los espárragos de Gavà y las alcachofas del Prado de Llobregat son algunos de los productos con más fama.

Agenda

Exposició “Històries paral·leles. 1917-2017. Roca a Gavà i Viladecans”

Museu de Gavà
Del 10-5-2017 a 28-8-2017
De dimarts a divendres de 9.30 a 13 h i de 17 a 20 h; dissabtes d’11 a 14 h i de 17 a 20 h; diumenges i festius d’11 a 14 h.
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